37- Reverencia del alfa.
Gregor la sacudía por los hombros, angustiado, casi al borde del colapso.
—¡Elyria! ¡Mírame!— rugió con desesperación, al verle el rostro arrugado por el dolor, los labios pálidos y la respiración entrecortada.
Sin pensarlo, alzó una mano, dejando que su poder de sanación se activara, y un brillo tenue cubrió su palma mientras la acercaba al pecho de Elyria.
Pero antes de tocarla, ella comenzó a respirar agitadamente, tosiendo con fuerza.
Se llevó una mano al pecho, temblorosa, mientras alza