13- La oferta de la impostora.
Gregor tenía a Elyria atrapada por la nuca, enredando los dedos en su piel con una firmeza que bordeaba lo posesivo.
Ella, aunque incómoda por estar sujeta de ese modo, lejos de resistirse, sonreía fascinada porque había algo adictivo en provocarlo, y en sentir el filo de su autocontrol tambalearse.
Gregor bajó la mirada a sus labios, tentado, atrapado en la trampa que sin darse cuenta ella había tejido.
Pero justo cuando estaba a punto de sucumbir a sus instintos y besarla, un sonido cortan