Abrí los ojos de nuevo, la luz blanca y fuerte me hizo entrecerrarlos.
El fuerte olor a hierbas desinfectantes llenaba mi nariz, y el pitido constante del monitor cardíaco indicaba que mis signos vitales eran estables, por ahora.
—¿Estás despierta? —Un anciano sanador perteneciente a la manada, se acercó para revisar mis pupilas—. Tu columna está gravemente dañada y tienes tres costillas rotas. Por suerte, tus instintos de lobo sanador son fuertes y protegieron tu corazón. Además, te trajeron rá