El rostro de Elio se oscureció.
Me miró fijamente, como si realmente me viera por primera vez, a la Omega con quien tenía un vínculo de pareja.
—Ana, no olvides que…—su voz era baja y helada, cargada de la advertencia propia de un Alfa—, nos unimos por una alianza estratégica entre nuestras dos manadas, nunca hubo sentimientos reales de por medio.
—¿Qué quieres de mí? ¿Un amor inquebrantable de Alfa? —Preguntó con frialdad—. Lo siento, necesito concentrarme en proteger a toda la manada.
En reali