Perspectiva de Ana
La puerta se abrió y las campanillas tintinearon al instante.
Alcé la mirada y mi sonrisa se congeló. De inmediato, mi loba captó un aroma familiar.
—¿Marta? —Mi voz tembló levemente.
Mi vista atravesó a la cachorra, posándose en Elio. Pero mi expresión no era feliz, era de fría resistencia. Incluso solté un aroma defensivo instintivamente.
—¿Q-qué hacen aquí? ¿Cómo me rastrearon?
Curiosa, Sofía miraba a los extraños que habían irrumpido, ocultándose instintivamente detrás de