Perspectiva de Ana
Cada pregunta fue como una bofetada, dejando a Elio sin palabras, hasta su autoridad como Alfa quedó destrozada.
Los dos cachorros lloraron con más fuerza, aferrándose a mi ropa, sus instintos de pequeños lobos los hacían tratar de recuperar a su madre desesperadamente.
—Nos equivocamos… mamá… —sollozó Marta sin aliento, con las pequeñas orejas lobunas caídas por la tristeza—. A partir de ahora, solo te amaremos… nunca más te haremos daño.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, per