El miedo de los guardias corruptos era un olor tan espeso en el aire que casi podía saborearlo, una mezcla agria de pánico y sudor. Mientras huían para dar la alarma, no sentí ni una pizca de triunfo. Solo el frío y agudo chasquido de la trampa al cerrarse.
No volví a la cabaña. Sería el primer lugar que registrarían. La Naira de antes habría corrido hacia su refugio, buscando una seguridad ilusoria. La loba que Ashen había forjado buscó un terreno más alto.
Me deslicé por la parte trasera de la