El siseo de la criatura de sombras al disolverse en la nada fue un eco que se quedó grabado en mi mente. La luz plateada que emanaba de mí parpadeó y se extinguió, dejándome de rodillas en la tierra muerta, jadeando, no por el esfuerzo físico, sino por el shock de haber invocado un poder que no sabía que poseía. El hombro donde sus garras me habían herido ardía con un frío antinatural, un dolor que se sentía más como una violación del alma que una herida en la carne.
Me quedé allí, temblando, m