Los días que siguieron a mi humillación en el claro se convirtieron en una nueva forma de tortura, una más sutil y exasperante que cualquier batalla física. Ashen era un maestro implacable, y su método de enseñanza era el silencio. Cada mañana, antes de que el sol tiñera de rosa las cumbres, yo dejaba a mis hijos durmiendo en la seguridad de la cueva y me reunía con él en el claro helado. El beso que dejaba en sus frentes era una promesa y una disculpa; les pedía perdón por dejarlos, pero les p