Mi decisión estaba tomada.
Con un suspiro que se convirtió en una nube de vaho en el aire helado, di un paso deliberado hacia el cuerpo del alce. Fue un acto de fe, un movimiento que iba en contra de cada instinto de desconfianza que la traición de Rheon había grabado a fuego en mi alma. Nera, en mi mente, gimió en una protesta silenciosa, su miedo a una trampa luchaba contra la lógica innegable del hambre.
El mundo permaneció en silencio, envuelto en la quietud de la nieve que caía. No hubo un