Mi audaz declaración quedó suspendida en el aire denso de la cabaña de Aneira, tan pesada y peligrosa como una hoja de hacha a punto de caer. Entrar en el despacho del Alfa. Acceder a sus archivos privados. La idea, una vez verbalizada, pareció cobrar vida propia, una criatura de sombras y riesgo que nos observaba desde el centro de la habitación. Y entonces sentí la opresión del peligro que representaba, pero no podía echarme para atrás.
Dorian fue el primero en reaccionar, su rostro se convir