Salí de la cabaña de Layla sintiendo que caminaba sobre un suelo que ya no era firme. El mundo exterior, con sus sonidos familiares del clan y el viento susurrando entre los árboles, me parecía ahora el decorado de una obra cuyo guion se había reescrito sin mi permiso. La venganza había sido mi estrella polar, una luz fría y única en la oscuridad de mi segunda vida. Ahora, el cielo se había llenado de constelaciones extrañas y profecías que no sabía cómo leer. La duda era un veneno, y la soleda