El santuario no habló. Al menos no con palabras.
Pero la respuesta llegó igual.
La pulsación que había atravesado el claro no se disipó. Permaneció en el aire, vibrando en cada partícula del espacio, como si el propio lugar se negara a volver al silencio hasta completar aquello que había comenzado.
No era una aprobación.
No era una negación.
Era una transición.
Ashen fue el primero en entenderlo.
—Aún no ha terminado.
Su voz fue baja, pero lo suficientemente clara como para romper la inmovilida