Rheon no avanzó de inmediato.
Se detuvo justo en el límite del claro, donde las sombras del bosque aún cubrían parte de su figura, como si el territorio mismo dudara en permitirle cruzar completamente hacia el centro del santuario. No había guardias a su alrededor. No había señales de lucha en su cuerpo.
Había llegado por su cuenta.
Eso, por sí solo, era suficiente para alterar el equilibrio del lugar.
Sentí la vibración del santuario intensificarse bajo mis pies en el instante en que su presen