Hyeon miro por la ventana pero no vio nada en la calle, Olía algo, el mismo aroma de ese tipo en la cafetería, se sentó con el corazón golpeándole tan fuerte que sentía que le dolía el pecho por días. Se apoyó con la frente contra el respaldo del sofá y respiró agitadamente. Sentía que todo su cuerpo ardía, que su alma chocaba contra una pared invisible y cruel.
Ren lo miraba desde el pequeño sofá, inquieto, mientras frotaba sus manos con nerviosismo.
—Hyeon… —murmuró.
—No… no… —Hyeon apretó lo