El vapor llenaba el pequeño baño. La tina blanca rebosaba de agua caliente, con espuma hasta el borde. Hyeon se sentó primero, apoyándose contra la pared de azulejos fríos, y jaló de Ren para que se sentara frente a él.
—Ven aquí…te voy a limpiar —dijo con voz grave.
Ren se acomodó de espaldas a su pecho, con las piernas dentro del agua tibia y su respiración tranquila por el momento. El calor y la cercanía lo hacían estremecer. Hyeon rodeó su cintura con fuerza y besó su cuello con suavidad.