Ren se pasó toda la clase con las mejillas encendidas y el corazón enloquecido. Hyeon, maldito alfa arrogante, no dejaba de inclinarse hacia él para susurrarle cosas al oído.
— ¿Tienes un lápiz extra? —murmuró con esa voz baja, rasposa, justo contra su cuello.
Ren se lo pasó sin mirarlo. Pero el roce de sus dedos bastó para estremecerlo.
—Se te cayó la goma... —agregó Hyeon minutos después, apoyando una mano en su muslo para alcanzar el objeto.
Ren apretó los dientes. No podía concentrarme. Las