Años después.
Ren tenía dieciocho años, una mochila al hombro y el corazón remendado como podía. Caminó por el pasillo del campus de la Universidad Nacional de Busan con una mezcla de nervios y esperanza. Comenzaba una nueva etapa. Le habían asignado una residencia compartida. Pero le notificó que hubo un cambio de compañero en el último minuto.
Subió las escaleras del edificio A, llegó a la habitación 300 y abrió la puerta con la llave recién entregada.
La habitación era amplia, con dos camas,