Eran casi las cinco de la madrugada, la habitación aún olía a feromonas, a sudor, a algo antiguo y visceral que flotaba entre los dos cuerpos desnudos bajo las sábanas. Ren no supo cómo y en qué momento Hyeon lo desnudó. No entiende como no opuso resistencia.
Hyeon había bajado a su virilidad e hizo lo que le dio la gana. Su lengua y el calor de su boca lo envolvieron una, dos, tres veces hasta acabar en su boca.
—Ya déjalo, no saldrá nada más, maldito depravado. ¿Y porque te la tragas? Me está