El testamento y un vestido para sobrevivir.
La lluvia llevaba la noche entera golpeando las ventanas de la casa, como si el cielo mismo quisiera purgar la muerte del duque. No sentía tristeza. No sentía nada.
Un vacío extraño que no sabía nombrar.
El duque había pasado toda su vida odiándola.
Humillándola.
Y lo poco que había vivido como lucia lo sabía.
Recordándole cada día que ella era un error.
Así que cuando Alana tocó su puerta para avisarle que "ha llegado un abogado con un asunto urgente referente al fallecido duque", Lucia pensó