La noche aún no había terminado cuando Lucía llegó frente a la sala donde el príncipe Kevin atendía los asuntos del castillo. Había luz; él seguía despierto. Los últimos días habían trastocado a todos.
Lucía respiró hondo, aún sintiendo el eco de la confrontación con Eduardo. No quería pensar en eso ahora. No podía. Necesitaba resolver a lo urgente.
Tocó.
—Adelante —respondió la voz cansada de Kevin.
Alana la esperó afuera.
Lucía entró. El príncipe estaba sentado frente a un escritorio desorde