Los días que siguieron al reencuentro con Mateo no fueron fáciles para Clara. Apenas comenzaba a saborear la libertad, cuando Facundo volvió a cruzarse en su camino como un fantasma que se negaba a desaparecer.
La primera vez lo encontró esperándola en la entrada de la universidad. Apoyado contra la pared, con los brazos cruzados, le lanzó una sonrisa melosa.
—Clara, solo quiero hablar…
Ella lo ignoró y apresuró el paso. Pero al doblar la esquina, sus manos temblaban.
Al poco tiempo apareció en