La tarde empezaba a caer, con los ecos del evento. La ciudad, estaba de fiestas, parecía celebrar junto con Clara la culminación de todo un proceso de lucha y sanación. Al despedirse de los colegas y de Mateo, Clara insistió en llevar a su madre a su apartamento. No quería que ese reencuentro quedara solo en palabras sueltas entre brindis; deseaba un espacio íntimo, solo para ellas.
Cuando llegaron al edificio, Clara abrió la puerta de su apartamento con una mezcla de nervios y alegría. Hacía