Los días siguientes al episodio en el ascensor fueron distintos. Clara se sorprendía a sí misma esperando con ansias las reuniones en las que coincidía con Mateo. No lo pensaba demasiado; simplemente, su presencia le hacía sentir más ligera, como si el ambiente alrededor se volviera menos denso.
En una de esas tardes, mientras revisaban bocetos juntos en la mesa amplia del bufete, Clara inclinó la cabeza y sonrió con picardía al señalar un error en el trazo de Mateo.
—¿Y tú eres el ingeniero es