La noche había caído pesada sobre la carretera vieja. El Motel Los Pinos se levantaba al borde del camino, discreto, con un letrero de neón que parpadeaba a medias. Era uno de esos lugares olvidados, donde nadie hacía demasiadas preguntas y donde los secretos podían sobrevivir entre paredes húmedas y sábanas baratas.
Los vehículos negros llegaron uno tras otro, silenciosos como depredadores. Las luces se apagaron antes de estacionar. De los autos descendieron hombres altos, de piel blanca, ho