Narrado por Aldara
El silencio que siguió a esas palabras fue peor que cualquier tormenta.
"Hermana."
La palabra flotó en el aire, envolviéndome como un eco de algo olvidado, enterrado en la parte más oscura de mi memoria. Pero mi mente se resistía, negándose a aceptar lo que acababa de escuchar.
El hombre frente a mí tenía mis mismos ojos: un dorado intenso, antiguo, como fuego líquido. Pero en él, aquel color no evocaba calidez, sino algo frío y peligroso.
—No… —susurré, dando un paso atrás.