Narrado por Ragnar
La luna pendía en el cielo como un ojo frío y vigilante cuando regresé al campamento. La tierra húmeda bajo mis botas se sentía inestable, como si se abriera a mis espaldas, como si la manada que había construido con tanto esfuerzo se desmoronara en mis manos. Había pasado demasiado tiempo fuera, perdido en un torbellino de sangre, magia y desesperación, y ahora el precio de mis decisiones se alzaba frente a mí con el peso de una condena ineludible.
Las miradas de mi gente me