Gabriela cerró la puerta de la casa De La Vega con suavidad.
El eco del cierre quedó suspendido un instante en el vestíbulo iluminado por lámparas tenues. Respiró hondo, intentando liberar la opresión en el pecho que la acompañaba desde hacía semanas.
Las últimas noches eran un nudo imposible:
Visitas constantes a Adrián, que parecía hundirse en un abismo tras la muerte de Victoria.
Visitas clandestinas al psiquiátrico, donde Luis, perdido entre medicamentos y silencios, apenas lograba record