Gabriela cerró la puerta de la casa De La Vega con suavidad.
El eco del cierre quedó suspendido un instante en el vestíbulo iluminado por lámparas tenues. Respiró hondo, intentando liberar la opresión en el pecho que la acompañaba desde hacía semanas.
Las últimas noches eran un nudo imposible:
Visitas constantes a Adrián, que parecía hundirse en un abismo tras la muerte de Victoria.
Visitas clandestinas al psiquiátrico, donde Luis, perdido entre medicamentos y silencios, apenas lograba recordar su propio nombre.
Y cada mentira que le decía a Damián…
Era una piedra más en su conciencia.
—Amor —escuchó la voz cálida de Damián desde las escaleras.
Él bajó los últimos peldaños y la rodeó con sus brazos, inclinándose para darle un beso lento en los labios.
—Te extrañé hoy.
Gabriela tragó saliva.
Cada vez que él la recibía con tanto amor, la culpa le mordía más hondo.
—Yo también te extrañé —respondió, sosteniendo su rostro con ambas manos.
Él la observó con esos ojos que parecían ver d