La tarde caía lenta sobre la casa de Richar.
El sol se filtraba oblicuo por la ventana de la cocina,
—¿Te acuerdas cuando nos escapamos de la preparatoria para ir al río? —preguntó Adrián, con una sonrisa nostálgica, mientras partía el sándwich en dos con movimientos tranquilos—. Dijimos que íbamos a estudiar para el examen de matemáticas.
Gabriela sonrió apenas, más con melancolía que con alegría.
—Nos suspendieron una semana —respondió—. Y aun así dijimos que había valido la pena.
—Porque lo