—Gracias por la ayuda —su mirada no se aparta de mí—. Arepo no supo ni cómo perdió la cabeza.
—Quería darte más fuerza —sisea—. No me dejaste entrar.
No logro distinguir si está enojado o simplemente le resulta increíble de creer porque todos siempre hacen lo que él ordena. Trato de sentir algo con la conexión, pero lo único que encuentro es una urgente lujuria que amenaza con hacerme perder el control. Dentro de mí, deseo que se cure y no solo por el hecho de que nos meteremos a la boca del lo