Un beso apasionado cayó sobre mis labios.
Lucas me incorporó con cuidado.
—Camila, ven conmigo a algún lugar.
—¿A dónde?
—Lo sabrás cuando lleguemos.
Negué con la cabeza y me dejé caer de nuevo sobre la cama cubierta de pieles.
—No… otro día. Estoy demasiado cansada, siento los huesos como gelatina...
Su tono fue firme, sin dejar espacio para réplica. —No. Hoy. Ahora mismo.
La orden alfa vibró en todo mi cuerpo una vez más.
—Si no puedes moverte, no importa. Te cargaré. O te llevo en la espalda.