Busqué a tientas el cristal de comunicación, con la intención de apagarlo. Pero mis dedos, sudorosos y torpes, lo activaron por error.
La voz de Ángel irrumpió en la cabaña, desesperada y urgente:
—¡Camila! ¡Diosa Lunar! ¿Dónde estás? ¡Lucas no... no te dejó en el Arroyo Madera Negra como prometió!
—¡Este juego de libertad previa al vínculo fue un error! ¡No significó nada! Y Sofía... es una loba manipuladora, no vale ni un solo cabello tuyo.
—¿Dónde estás? ¡Voy por ti! Me arrepiento de cada pal