Estaba aterrada. Ese monstruo había acabado con la vida de mis guardaespaldas.
―¡Esther, tu celular no deja de sonar! ―Mi amiga venía corriendo hacia a mí sosteniendo mi celular que mantenía en su mano. Al ver la pantalla me di cuenta que se trataba de Aldrec.
―¿Sí?
―Dios mío Esther. ¿Por qué diablos no respondías el celular? Llevo toda la mañana intentando comunicarme contigo. ―Casi me deja sorda debido al alto tono de su voz. Alejé un poco el celular y asentí. ―¿Por qué no avisaste que tus gu