En América, Gerald caminaba con una pequeña caja de chocolates en la mano, directo a la oficina de Amelia, su amiga de la universidad.
Al abrir la puerta, quien lo recibió fue Miriam.
—Hola, preciosa… busco a mi manzanita.
—Oh, Amelia no está. Qué gusto verte, Gerald.
—Ten, un chocolate para ti.
Miriam sonrió y lo recibió con gusto.
—Gracias, son muy ricos.
Entonces una presencia intensa se sintió detrás, Gerald giró sonriendo de lado, ahí estaba Miguel.
—¿Y tú? Pensé que ya te habías ido a Par