Al fin llegó el día más esperado.
Marcus estaba en su habitación, frente al espejo, amarrándose la corbata por centésima vez. Sus manos temblaban levemente, su respiración era irregular, y su reflejo… no era el del hombre frío e impenetrable que todos conocían.
Era el de un hombre completamente vulnerable.
Gustavo y Fabiano lo miraban desde atrás, cruzados de brazos, sonriendo al verlo así.
—Vamos, hombre… te creo que Kat esté así, pero ¿tú? Esta es tu segunda vez.
Marcus soltó un suspiro pesad