En América, Marcus hablaba con sus pequeños por segunda vez en el día. Mostraban dibujos y le contaban que habían comido y que tío Fabiano se había desaparecido.
—Yo creo que tío Fabi está con la vecina —dijo Marcel.
—Yo creo lo mismo, hijo —sonrió Marcus.
—Niñooos, dejen a papi, que debe ir a una reunión.
—Aaawww, está bien. Papi, ¿nos llamas en la noche para decirnos buenas noches?
—Claro, princesita. Pórtense bien con mami.
—Sí, papi.
Katrina tomó el tablet y le sonrió a Marcus.
—Hola, mi am