Fabiano corría por las calles de Londres con Victoria riendo bajo la lluvia. El agua caía con fuerza, empapándolos por completo, pegando la ropa a sus cuerpos, pero ninguno parecía notarlo. La gente que los miraba creía que estaba loco, algunos incluso se detenían a observarlos con curiosidad, otros negaban con la cabeza… pero a Fabiano no le importaba nada de eso.
Él solo estaba feliz. Victoria al fin lo había aceptado.
Y en ese instante sentía que podía contra el mundo entero si era por ella.