El lunes llegó sin previo aviso y la empresa comenzó a llenarse poco a poco de trabajadores que regresaban a sus rutinas después del fin de semana. Los ascensores subían y bajaban constantemente, los teléfonos empezaban a sonar y el bullicio habitual volvía a apoderarse del edificio.
Gustavo y Rossy fueron de los primeros en llegar. Entraron juntos al vestíbulo, riéndose de alguna broma privada mientras él llevaba una mano apoyada en la cintura de su novia y ella se acurrucaba en su hombro. Est