La noche había caído sobre París y el edificio abandonado permanecía en silencio. El departamento de William seguía exactamente igual que el día en que desapareció. Nadie había vuelto a entrar. Nadie había tocado nada.
Hasta ahora.
Un suave clic resonó en la cerradura, la puerta se abrió lentamente y el sonido de unos tacones comenzó a romper el silencio del lugar.
La figura femenina entró sin prisa, cerró la puerta a su espalda y observó el departamento completamente destrozado. Los muebles es