Isma nada...
Llegaron al departamento de Ismael en silencio. Durante todo el trayecto ninguno de los dos había dicho una sola palabra. El rugido de la motocicleta había llenado los espacios que normalmente ocupaban las discusiones, las bromas o las evasivas de Gisella. Esta vez no había escapatoria posible.
El departamento era amplio, elegante y sobrio. Los muebles modernos combinaban con los tonos oscuros de las paredes y los enormes ventanales que iban desde el suelo hasta el techo. Desde allí podía verse