El ambiente se electrificó de inmediato.
Ismael quedó completamente inmóvil en el umbral de la oficina de Gisella. Toda la relajación que había mostrado apenas unos segundos antes desapareció por completo. Sus músculos se tensaron y la sonrisa se borró de su rostro mientras aquellos ojos azules lo observaban con una intensidad que no prometía nada bueno.
Vanessa sonreía apenas, una sonrisa elegante, fría, casi calculada.
—Jamás pensé volver a verte, Ismael.
Él tardó unos segundos en responder.