El almuerzo transcurría tranquilo en la casa de los Jones. Como era habitual, Margaret había cocinado personalmente y la enorme mesa del comedor estaba llena de platos que desprendían aromas deliciosos. George iba y venía ayudándola a servir mientras le robaba pequeñas sonrisas y besos furtivos cada vez que tenía oportunidad. Después de tantos años separados, su amor no se podía ocultar y parecían una pareja de recién casados, algo que divertía enormemente a toda la familia.
Los mellizos estaban