La puerta de la habitación se abrió y un enfermero apareció empujando una bandeja.
—Traigo el almuerzo del señor Dubois.
—Yo se lo doy.
La voz de Mayra llegó antes que ella. Entró en la habitación con una falda todavía más corta que la del día anterior y una sonrisa que provocó que el estómago de Gisella se revolviera de inmediato.
Gisella la recorrió con la mirada de arriba abajo.
—¿Acaso vienes de una despedida de solteros y no te cambiaste el traje?
Mayra se detuvo y la observó sin perder la