Un camino sin retorno.
La mañana llegó y Katrina dormía profundamente. Marcus no se alejaba de ella ni un segundo. Permanecía sentado junto a la cama sosteniendo una de sus manos mientras observaba cómo las bolsas de sangre seguían pasando lentamente hacia su cuerpo. Cada vez que veía aquel líquido rojo descender por los tubos sentía un nudo en el pecho al recordar lo cerca que habían estado de perderlo todo.
La puerta se abrió suavemente y una enfermera entró empujando un pequeño carro. Llevaba una nueva bolsa de sa