Marcus llegó a la ubicación y digitó la clave que Fabiano le había enviado. El mecanismo electrónico emitió un sonido suave y la puerta se abrió lentamente. Sus pasos fueron seguros mientras avanzaba por el interior de la mansión. El lugar estaba en silencio, pero apenas recorrió unos metros escuchó gritos provenientes del sótano. Una sonrisa fría apareció en su rostro. No necesitaba preguntar quién estaba gritando.
Bajó las escaleras con calma y, antes siquiera de llegar al último peldaño, rec