Después de la hermosa visita de los mellizos, la habitación volvió a quedar en calma. Marcus permaneció junto a Katrina todo el tiempo. Con infinita paciencia le cepilló el cabello, acomodó cada mechón detrás de sus orejas, la ayudó a limpiarse, le cambió la ropa y volvió a acomodar las mantas sobre su cuerpo. Lo hizo todo en silencio, demasiado silencio.
Katrina lo observó varios minutos antes de suspirar.
—¿Estás enojado?
—No.
—Marcus, ¿qué sucede? Estás muy callado.
Marcus terminó de acomoda