No puedo perdonarlo

La mañana era primaveral, el aire fresco se mezclaba con el sol suave que iluminaba el jardín, María Gracia salió intrigada por el alboroto de los niños, sus risas llenaban el lugar con una alegría contagiosa.

—¡Más alto, tío vecino, más alto!

—¡Papi, tú puedes, más alto!

Marcel y Micca volaban por los aires, Gerald lanzaba a Marcel con fuerza y precisión mientras Marcus hacía lo mismo con Micca, ambos hombres atentos, firmes, atrapándolos en el aire sin dejar que el juego se volviera peligroso
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