María Gracia lo miró con odio, sus ojos brillaban con una mezcla de rabia y dolor que no había desaparecido con los años.
—¿De qué quieres hablar, imbécil? ¿De cómo me dejaste sola en una habitación de hotel después de quitarme la virginidad, o de cómo te besuqueaste con esa puta después de que te declaré todo mi amor, o mejor aún, de cómo te burlaste de mí llevando a esa mujerzuela a la misma habitación donde te había entregado mi cuerpo y mi alma?
—Gracia, yo…
—¿Yo qué? Dime, ¿qué te hice? Yo