En la mansión, Marcus tenía a Katrina entre sus brazos, sosteniéndola con firmeza mientras ella dejaba besos suaves en su cuello, recorriéndolo con delicadeza. Sus dedos descendían por su pecho, dibujando pequeños círculos con la yema, como si necesitara memorizar cada centímetro de él.
Su mano bajó lentamente hasta su vientre.
—¿Te duele aún? —preguntó con voz baja, cargada de preocupación.
—No, amor… ya no duele, solo una pequeña molestia.
—Iré a buscar el almuerzo… debes comer.
Katrina inten