Gisella llegó a su oficina completamente agotada y se dejó caer sobre el sofá con un suspiro dramático. Cerró los ojos unos segundos mientras masajeaba sus sienes intentando soportar el dolor de cabeza que le provocaban aquellos dos hombres peleando por ella desde temprano.
—Dios… qué karma.
Marco entró detrás de ella cerrando la puerta con tranquilidad. Apenas la vio desparramada en el sofá sonrió divertido y caminó directamente hacia ella antes de dejarse caer a su lado.
—Oye, no me puedes ca